Xochimilco

XochimilcoLa posibilidad de viajar en el tiempo es tarea de filósofos, sin embargo la visita a sitios como Xochimilco nos permiten una somera reconstrucción de lo que fuera la cuenca lacustre de México hasta el siglo XIX. Naturaleza humanizada, jardín flotante son algunas de las posibles descripciones que pueden hacerse de este sitio que se enfrenta como especie en extinción contra la ciudad.

Esta lucha tuvo su aspecto armado en la época prehispánica y durante la conquista de México, marcado así cierta distanciamiento de sus habitantes. El cultivo de flores y el comercio de víveres hacia la ciudad de México fue trayendo prosperidad y aumentando la población.

Entre las tradiciones más sobresalientes de Xochimilco se encuentran la bendición de niños durante la fiesta de la Candelaria (2 de Febrero) o las celebraciones de la feria de las flores (martes de Semana Santa), en la que los barrios de toda la zona compiten en ostentación y gracia.

El epicentro de estas fiestas es, como era de esperarse, la iglesia. La parroquia de San Bernardino no sólo es bella en su exterior, sino que contiene uno de los retablos más antiguos de América estupendamente conservado. Resulta sencillo transportarse al siglo XVI cuando los franciscanos dirigieron la construcción del convento y el labrado de las fachadas, donde es posible advertir tanto el duro trabajo y como el detalle fino. Las epidemias y la tristeza diezmaron la población indígena en esos primeros siglos, mas los defeños se encargaron de suplir con creces esta falta de gente. Hoy resulta incluso abigarrado circular en alguna de las embarcaciones durante los fines de semana, pero puede resultar exitante la compañia de antojitos y músicos navegantes que se pierden entre la infinitud de canales y cipreses.

La presencia del agua tiene en la ciudad de México una doble cara: por un lado se le combate como una plaga que anega y destruye las construcciones; se le expulsa como un negro anatema y por otro se le arrebata en sus virginales y distantes manantiales en cantidades interminables. Xochimilco juega su existencia entre estas luchas ciclópeas y trata a la vez, de mostrar una cara amable.

 
 
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